Ha pasado un buen tiempo desde que no escribo y la razón para los que saben lo que me pasó el 28 de febrero es obvia. Para los que no, jodieron.
El 28 me caí del caballo mientras corría y punto. Podría contar la historia con lujo y detalles pero ni se imaginan cuantas veces he estado copiando y pegando la misma historia por ese amor de la gente hacia los accidentes ajenos y que entre mas terrible, mejor. Para la mala suerte de esa gente (y buena para mi persona) la 'saque barata' (otra de las palabras textuales que me han dicho mil veces) ya que sólo me quebré la muñeca derecha, aunque eso significo una operación costosa y un fierro de titanio con cuatro pernos de por vida, pero en fin, solo me acordaré que existe cuando hayan cambios de temperatura. Y no alegué, me sentí orgullosa por eso.
Ahora que conocen a medias mi historia, le voy a poner mas glamour:
Era una oscura y lluviosa noche cuando Danielle corría en su caballo favorito para llegar a casa antes de que el tiempo empeorara y evitarse un resfrío. Danielle conocía muy bien su caballo, cuando corrían eran casi como uno sólo, pero esta cualidad se esfumó en el momento que el cielo pronuncio su grito terrorífico para Danielle: un trueno. Ella sabía lo que le esperaba pues conocía el trauma de su antiguo amigo y lo peor pasó: freno en seco, empezó a levantarse de forma amenazadora y corrió sin control por los pastisajes durante varios segundos, hasta que el lodoso terreno hizo que ambos cayeran al suelo. El caballo como si nada se paró para continuar su camino, pero Danielle ahí tirada no pudo hacer mas que lanzar aullidos de dolor, desesperación y ayuda. La tormenta era fuerte, nadie la escuchó.
El sol le pegaba fuerte en la cara y el cuerpo sin preocuparse en como se encontraba este, pero una silueta se interpuso en la luz clara del día. Su vista nublada por las lágrimas y barro secos, trataron de esforzarse en tratar de crear una imagen más nítida, pero sólo consiguió que sus ojos se cerraran lentamente, lentamente, lentamente...
Abrió los ojos de golpe y se incorporó rápidamente en la camilla que se encontraba. Miró hacia afuera, estaba amaneciendo. Poco a poco empezó a restituir las imágenes en su cabeza y quiso saber cuanto tiempo había pasado, pero a su alrededor no encontró ni siquiera un calendario, tan sólo una habitación de cuatro paredes blancas como su mente en ese momento. Reaccionó. Se levanto de forma lenta pero segura, agarrando velocidad hasta la puerta de salida de la habitación. Sólo ahí cuando quiso abrir la manilla, se dio cuenta de que su mano derecha estaba tapada en un enorme y exagerado manto de vendas. Eso explicó muchas cosas, su hipótesis de los hechos apareció automáticamente y aseguró de que un médico la encontró, la revisó, la opero de la mano que probablemente con el golpe se quebró y ahora la dejaron recuperándose. Entonces dispuesta a conseguir más respuestas, abrió con su mano izquierda la puerta. Dio un salto al ver que una persona la esperaba afuera. Se llevó la mano al pecho y levantó la vista, descubriendo un médico de impecable presentación y de cara totalmente seria. Hubo un silencio que se extendió por eternos segundos, hasta que el médico dijo
- ¿Abriste la puerta?
- ¿Cómo dijo?...
- ¿Abriste la puerta?
- Claro... - Y Danielle hizo un gesto con la cabeza mirando al rededor, tratando de aclarar la respuesta obvia del médico.
- Ahora, trata de entrar.
Danielle se encogió de hombros, volteó y estiró su mano izquierda alcanzando la manilla cuando fue interrumpida:
-No, usa tu mano derecha
- Pero no ve que...
- Sólo hazlo
Aquel tono serio, hizo que Danielle acatara ordenes sin si quiera pensarlo. Estiró su mano con aquel gran vendaje y al mover los dedos aun medios dormidos, se asomo entre las vendas unos fuertes trozos de metal, cinco en total y que Danielle estaba moviendo a su voluntad. Pegó un grito ensordecedor cuando cayó en la cuenta de que aquellos eran dedos de metal, sus propios dedos. Entro en una especie de pánico por aquella mutación que le habían provocado... que le provocó aquel médico.
-¡¿¡Qué me has hecho!?!
- Sólo hemos fortalecido tu brazo.
- ¡Me han convertido en una aberración! Dios mío, Dios mío...
Entonces llegaron, casi como si hubiera sido programado por guión, de los enormes pasillos se acerco gente vestida de blanco, enfermeras y médicos, todos mirando fijamente a Danielle.
-Te presento la corporación médica M.A.T
Danielle, aún con el brazo sujeto miraba con odio y desesperación todo lo que le rodeaba y gritó:
- ¿¡Corporación médica!? ¡¡Han destruido mi vida!!
- Si no hubiéramos implantado aquellas supra-células titánicas, no tendrías algo a lo que llamar brazo.
Entonces Danielle se calmó y pensó con más claridad
-Yo no pedí esto... ¿Cómo lo pagaré?
- Ya hemos pensado en eso - Y una sonrisa se dibujó en todo el cuerpo médico, produciéndole escalofríos.
- Mañana daremos un pequeño paseo a cánada... - La ironía siempre ha sido el juego favorito de Danielle
- Tan pequeño...
- Estamos a tan sólo 4 km de la frontera.
Danielle quedó estupefacta. No estaba en Chile. Se la han raptado una corporación de locos y al asomarse por la ventana, descubrió que además debe estar lejísimo de cualquier pueblo donde pedir auxilio.
- ¿Qué quieren?
Otra sonrisa, pero esta vez más bien maquiavélica asomó en los labios del médico.
- Que con los nuevos poderes que te hemos otorgado nos ayudes - Y acto seguido el médico se retiró, al igual que los demás.
Danielle quería llorar, pero tenía mucho que pensar y las lágrimas no ayudan a pensar con claridad. Entró a su nueva habitación, miro por el gran ventanal y suspiró. En Chile estaba una persona muy especial para ella, que debería de estar muy preocupada y ella no podía hacer nada para evitarlo, de sólo imaginar su rostro se le asomó una lágrima; su novio debe de estar esperando su regreso.

Cha-naaaaaaaaaaaaaaaaan!! Haría una segunda parte pero me da lata, la imaginación es como una esponja, se llena de ideas y luego se estruja. Ya no puedo estrujarme más la cabeza, además de tener que hacerlo sólo con la mano izquierda porque yo la muy quemada me quebré la derecha y aún no puedo hacer fuerza.
En fin, una foto-cómics- pocoseria para el cuento que escribí.